Que la nieve no te pille por sorpresa: consejos de tú a tú

Hombre colocando cadenas de nieve en un Dacia Duster azul en una carretera de montaña nevada, con una pala roja y un termo al lado.

Cómo conducir con nieve: Guía práctica para evitar sustos al volante

Mira, conducir con nieve impone, y con razón. No es para tenerle miedo, pero sí mucho respeto. La clave aquí no es ser un piloto experto, sino ser extremadamente suave. Imagina que llevas una docena de huevos sueltos en el asiento del copiloto y no quieres que se rompa ni uno.

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Antes de arrancar (el “por si las moscas”)

Lo primero es lo primero: no te la juegues. Si la cosa está muy fea, lo mejor es quedarse en casa con una manta. Pero si tienes que salir sí o sí, prepárate un poco:

  • Zapatos para el coche: Si puedes, pon neumáticos de invierno. Si no, lleva cadenas, pero ¡ojo!, no esperes a que caiga el diluvio para aprender a ponerlas. Pruébalas un domingo en el garaje, que con los dedos congelados en mitad de la carretera es una pesadilla.
  • Limpia bien el coche: No salgas como un tanque, con solo un agujerito en el parabrisas. Quita la nieve del techo también; si no, en el primer frenazo se te deslizará toda sobre el cristal delantero y te quedarás a ciegas. Un susto innecesario, ¿verdad?
  • El kit de supervivencia: Parece exagerado hasta que te pasa. Echa en el maletero una manta, algo de picar (frutos secos, chocolate…), agua y el móvil bien cargado. ¡Ah! Y unos guantes, me lo agradecerás cuando tengas que tocar el hierro frío de las cadenas.

Al volante: tacto de seda

Aquí es donde entra la magia. Olvídate de las prisas y los movimientos bruscos.

  • Segunda es tu mejor amiga: Para arrancar, intenta hacerlo en segunda marcha. ¿Por qué? Porque si sales en primera, las ruedas tienen demasiada fuerza y patinarán sobre la nieve. Sal despacito, soltando el embrague como si tuvieras miedo de despertarlo.
  • Marchas largas: En cuanto puedas, sube de marcha. Cuanto más “relajado” vaya el motor (pocas revoluciones), menos papeletas tienes para que el coche empiece a bailar.
  • Frenar es el último recurso: Olvídate de pisar el freno a fondo. Usa el freno motor (ir bajando marchas poco a poco) para que el coche pierda velocidad por sí solo. Si tienes que frenar, hazlo con mucha antelación y con un tacto de seda.

Dato importante: En hielo, el coche puede tardar hasta 10 veces más en pararse. Sí, has leído bien. Así que deja una distancia de seguridad enorme con el de delante.

¿Y si el coche decide irse por su cuenta?

Si notas que el coche patina, lo más difícil y lo más importante es: no entres en pánico.

  1. Si se va de morro: No gires más el volante (aunque sea el instinto). Suelta el acelerador suavemente para que las ruedas recuperen el agarre.
  2. Si se va de atrás: Gira el volante hacia el mismo lado donde se está yendo el “culo” del coche. Suave, sin volantazos locos.

Un último consejo…

Si te quedas atrapado, no te desesperes. Quédate dentro del coche, pon la calefacción un rato (con el escape libre de nieve, ¡importante!) y abre un pelín la ventana de vez en cuando para que entre aire fresco.